31/1/14

Las bancarrotas de España: Somos líderes


El tiempo del rescate en España parece que ya ha pasado, de hecho parece que realmente la economía, lentamente empieza a remontar, quizás no para ti pero si para el país. Sin embargo, y esto es algo de lo que hablan muchos expertos, el tamaño de la deuda pública acarreará graves problemas en un futuro no muy lejano; de hecho estamos en el punto en el que la deuda es tan grande que necesitamos emitir más deuda para hacer frente a vencimientos de la misma, lo cual indica el problema de “bola de nieve” que tenemos ante nosotros.

Esto no deja de ser curioso, porque, aunque sólo sea por experiencia, deberíamos saber gestionar la deuda pública y conocer sus limitaciones y sus peligros como expertos. No en vano somos el primer país emisor de deuda en la historia, así como el primer país que tuvo una bancarrota que motivó el impago de la misma y también el que más bancarrotas ha tenido; todo lo cual nos coloca una serie de medallas que, por suerte, al ser la economía muy poco amiga de la historia, no nos afectan demasiado.

Fue durante nuestro más glorioso siglo XVI, mientras nuestros tercios asolaban los campos de batalla europeos, nuestras finanzas destruían fortunas (también las creaban, sin duda) y, sobre todo, destruían nuestra propia economía, destrucción de la que algunos piensan que jamás nos hemos recuperado.

Y fue Felipe II el que a principio de su reinado se enfrentó al vencimiento de deuda heredada de su padre (está claro que Carlos I le dejó a su hijo unos problemas acordes al poder que le otorgaba), eran los “Asientos”, una especie de bonos, que obligaban a la corona española al pago de un principal más unos intereses en un plazo de tiempo. Y, aunque supuestamente estos asientos estaban respaldados por el río de oro y plata proveniente de América,  en 1557 se declaró la primera bancarrota, donde los más afectados fueron los Fugger. Resulta también curioso que ya desde aquella época los banqueros alemanes comprasen deuda española, obteniendo con ello una serie de ventajas adicionales que les daría más poder o les arruinaría indistintamente. A partir de ese momento, los problemas de la hacienda española se suceden:

En 1519 ya se había avisado suspendiendo pagos del principal de la deuda, aunque se respetaron los intereses. En 1575, otra bancarrota, aún peor. Se procede a una “quita y espera”, supongo que otro invento español. En 1596 tuvo lugar la emisión de los primeros bonos de “Deuda Soberana” acompañados de una nueva suspensión de pagos.

En 1607 tenemos una nueva bancarrota, aunque los años anteriores ya había habido suspensiones de pagos y problemas diversos. En 1627 otra más, que se lleva por delante la mitad del sistema financiero europeo. La procesión continuaría en 1647, 1652, 1662 y 1666.

Ya con los Borbones, tras un periodo de calma propiciada por una generación de políticos medianamente competentes, tenemos la crisis de 1799, cuando cristalizó la desmesurada emisión de los “Vales Reales” en una nueva bancarrota.

En cuanto a nuestro s. XIX, con su colección de grandes gestos y hombres, su tropa de gobernantes innombrables, las guerras contra otros, si los había, y si no, contra nosotros, reyes de ida y vuelta, etc. evidentemente daría muchos quebraderos a nuestra economía. Así, en 1866, tras muchos años de problemas, se produce la crisis del ferrocarril y en 1872, se produce una nueva bancarrota que se salda con la adquisición de las minas de Rio Tinto por parte de los ingleses (al cabo de un tiempo devolvieron las minas pero descubrieron el Jerez). Se cierra este siglo con la bancarrota de 1882. Y por último, la de 1939, en la que la España franquista no asumió la deuda que proviniera del gobierno republicano.

Trece bancarrotas que nos coloca en el primer puesto mundial en este sentido. Bancarrotas que cuentan cómo la historia de nuestro país puede ser explicada por una serie de hechos invariables: pésimos gobernantes, corrupción desmesurada, ausencia de empresarios competentes, analfabetismo e incultura recalcitrante y una sociedad adormecida y aclimatada que sólo es capaz de despertar por hambre y, que cuando lo hace, su propia incultura le lleva por caminos plagados de hechos salvajes hacia el mismo punto prácticamente de donde partió: nuevos gobiernos de políticos igual de corruptos que los anteriores, perpetuidad del sistema de valer más por ser quien eres y no por tus méritos y la terrible incultura que nos lleva a mirar hacia nuestro ombligo mientras nos quejamos amargamente de nuestra suerte y esperamos de la Gracia Divina mejorar nuestro miserable existir.

15/1/14

No odiemos a los ricos. Todos queremos serlo.

No odiemos a los ricos. Todos queremos serlo.

Hace algunas semanas hubo una pequeña polémica porque el piloto Jorge Lorenzo colgó un video en el que se veía lo lujosa que era su residencia, una mansión de 1200 metros cuadrados -piscina incluida- varias motos y un reluciente Mercedes. Lo tuvo que retirar debido a las críticas por “falta de sensibilidad” que recibió porque aunque todos sabemos que él, como muchos otros, están forrados, la mayoría prefiere no darse por enterado. Es una actitud infantil esa de “si no lo vemos es como si no existiera” pero es que además está relacionada con la enorme cantidad de prejuicios que muchos tienen hacia el que tiene dinero, ¿nos hemos parado a pensar si las fotos de celebraciones familiares al lado de una mesa repleta de comida que colgamos en facebook podrían herir la sensibilidad de cientos de millones de personas que sobreviven con menos de 2 mil kilocalorías al día? Y lo que importa es que para el bien común lo mejor es que Jorge Lorenzo –así como los 400 mil millonarios que parece existen en España- hagan ostentación de su riqueza y paguen el IVA de todo lo que adquieran y hagan ganar a aquellos que les proporcionan objetos y servicios.

Tenemos muchas ideas erróneas sobre los ricos, por ejemplo creemos que el que alguien tenga mucho implica que nosotros tenemos menos y es justo al contrario. Una persona con 1 millón de € genera unos impuestos, un consumo y, en resumen, unos empleos, que no generan un millón de personas con 1 €. Los ricos nos provocan envidia pero son beneficiosos para la sociedad. Sí, es injusto que algunos tengan más medios para triunfar en la vida desde la cuna; yo que vengo de una familia obrera lo sé muy bien, tuve que ponerme a trabajar en vacaciones desde muy joven mientras otros se pasaban los veranos en Inglaterra aprendiendo a hablar un inglés perfecto, ya en COU tuve que pasarme a nocturno porque ya tenía un trabajo mientras otros muchos acababan la carrera, seguían con masters y no tenían que preocuparse por ingresar dinero porque su padre tenía de sobra… pero ¿es culpa de ellos? y ¿No es acaso injusto que nos toque la lotería cuando millones juegan y aún así deseamos ser los afortunados? y ¿No es de hecho injusto que tengamos la ventaja de haber nacido en España en lugar de en Sudán? Si yo no me tengo que sentir culpable por nacer en Europa, no sé por qué la hija de Amancio Ortega tendría que hacerlo por ser su padre quien es. Lo que importa es que la riqueza de esa mujer no me hace a mi –ni a nadie- más pobre sino al revés.

El dinero es el principal incentivo por el que la mayoría madruga por las mañanas, no debería estar mal visto querer tenerlo ya que es bueno, sobre todo porque no tenerlo es malo, pero lo está. Y eso que curiosamente la mayoría de los ídolos más populares y queridos son millonarios porque nosotros así lo queremos. Es cierto que Messi o Julio Iglesias pueden tener una gran habilidad pero también la tiene un jugador de la selección española de waterpolo o alguien que canta en el coro del Teatro Real, nadie me puede demostrar que tenga más mérito ser portero de fútbol que de balonmano pero el gran público decide cual profesión se traduce en un mejor salario ya que primamos el espectáculo que más nos gusta. En el fondo no hay ninguna diferencia respecto a financieros, ejecutivos y empresarios que triunfan: lo hacen porque consiguen vender sus productos al gran público en competencia con otros que no lo consiguen. Algunos trabajan para ello toda su vida y durante muchas horas al día pero están peor vistos por la población que un joven que bota un balón, es contratado en la NBA y en unos pocos años amasa una gran fortuna que le permite no hacer nada más el resto de su existencia. Cuando leo críticas contra los que quieren más y más dinero, jamás entran en ellas individuos como Ronaldo, que cambia de equipo para ganar más, ¿qué diferencia hay con el fondo denominado “buitre” que compra lo que nadie más quiere buscando un mayor beneficio? La motivación es la misma.

Todos queremos más dinero, es hipócrita no reconocerlo cuando nos pasamos la vida jugando a juegos de azar y cuando muy pocos seguiríamos trabajando si no nos abonaran un salario (por desgracia son pocos los afortunados que trabajan por vocación y además no necesitan ingresos). El dinero es necesario y no es más que la materialización del antiguo trueque: conseguir algo a cambio de otra cosa (en estos tiempos, generalmente horas de trabajo a cambio de una trasferencia mensual) y soy el primero que no entiende por qué hay gente que tiene muchos millones pero no se relaja y sigue esforzándose por tener más. Yo no soy así, creo el dinero compra tiempo libre y si renunciamos al tiempo libre por conseguir dinero entonces pierde su sentido pero a la vez reconozco que gracias a esa “avaricia” ha avanzado más el mundo que no sería el mismo si Henry Ford o Bill Gates se hubieran conformado con su primer millón. Y en el fondo no debemos encontrar eso tan malo porque ¿Acaso creéis que Nadal, uno de los personajes públicos más queridos en España, conduce un Kía? No, lo anuncia porque, a pesar de ser ya millonario, prefiere tener más dinero (y por cierto, Kía se lo paga porque somos tan absurdos de dejarnos influir al comprar un coche por el famoso que lo anuncia).

En resumen, a todos nos gusta tener dinero, dedicamos mucho tiempo y mucho esfuerzo en conseguirlo pero, a la vez, nos suele molestar que los demás lo tengan y se les note. Es humanamente comprensible pero lo cierto es que el día que me toque el €millón y disponga de millones para gastar, seguro que a los que encargue una casa, un coche, un viaje de ensueño etc. etc. –y especialmente Montoro- estarán mucho más contentos que ahora que no los tengo, demostración empírica de que es mejor que yo sea rico a que no lo sea…pensando en el bien común.

7/1/14

Ley de Contratos del Sector Publico.
Sacyr: Que casualidad que los 1.600M son el casi el 50% de los 3.118M

No deja de ser curioso que donde falle la lógica y las previsiones de manera catastrófica en una obra de la magnitud de la ampliación del canal de Panamá sea precisamente allí donde se cambia de océano navegando en sentido contrario al que dictaría el sentido común.

Sacyr ya ha presentado ante todo el mundo la verdadera “Marca España” que en nuestro país hemos disfrutado durante muchos años: obras que se licitan a precios altamente competitivos, lo que hace que se consiga la adjudicación, y que a mitad de construcción amenazan con la paralización por falta de presupuesto debido a costes inesperados y a circunstancias en ningún momento achacables a la empresa adjudicataria, por supuesto. Así, atrapados todos en la rueda de obras a mitad, cantidades enormes ya pagadas y compromisos adquiridos, se decide hacer frentes a estos costes y terminar la obra como sea. Aún se puede dar gracias si termina todo ahí y la obra reúne los servicios y la calidad pactados, que también aquí en España conocemos sonados casos de obras que salieron más caras de lo presupuestado y luego adolecían de importantes defectos estructurales que, en algunos casos recomiendan hasta su derribo.

Como ejemplo de esto último tenemos a nuestro arquitecto más internacional, al que como la justicia dictamine en su contra en todos frentes que tiene abiertos, sólo le quedarán las piezas del LEGO para dar salida a su creatividad.

Esto, que ahora nos sonroja y nos preocupa por la mala imagen que nos da internacionalmente, es lo que hemos venido padeciendo en toda España en los últimos años. La adjudicación de obra pública por un precio, los sobrecostes a mitad de la construcción y los defectos de la obra flagrantes al término de la misma. Hospitales con cimientos defectuosos, que hay que reforzar urgentemente, como el de Vigo. Instalaciones deportivas que no cumplen con las condiciones adecuadas para la competición, que doblan el presupuesto original y que arrastran al juzgado a un buen número de políticos, como el Palma Arena. Líneas de metro que disparan su presupuesto inicial y que al final sólo llegan a inaugurarse parcialmente, como la línea 9 en Barcelona… la lista es interminable, como interminables son también los vínculos de estas empresas con la corrupción política en la mayoría de estos casos.

Lo distinto es que la constructora está en un proyecto de gran calado internacional, con lo que todos los ojos están sobre ella. De momento, su cotización en bolsa se está desplomando (ya se verá si arrastra a Repsol) y muy bien tiene que acabar todo para que pueda volver a optar a algún compromiso internacional. Los 1.600 millones de dólares en sobrecostes en un presupuesto de 3.118 son demasiado abultados, sobre todo cuando optó a la licitación 1.000 millones por debajo de su más directa competidora y 300 por debajo del importe base de licitación, lo que da a entender un grave error de cálculo en la propuesta o una maniobra calculada. La sensación es de que Sacyr fue a reventar la subasta esperando luego acogerse al sistema de modificados al alza, recogido en el artículo 202 de la Ley de Contratos del Sector Publico, del que tanto se ha abusado en España, ya que las constructoras españolas son expertas en sacar adelante proyectos deficitarios donde los modificados son precisamente el beneficio de la operación.

Este artículo, aunque ya en el punto de mira de la legislación europea, permite a la empresa adjudicataria justificar hasta un incremento de un 50% los costes originales del proyecto debido a costes excepcionales e imprevistos. Y, aunque el pliego de condiciones de la adjudicación de las obras del canal eliminaba expresamente la opción del sistema de modificados, cabe pensar que Sacyr ha decidido jugarse el órdago; porque es eso o admitir que el plan que presentaron no era viable económicamente desde un principio.

O quizás sea que los técnicos de Sacyr pensaron que como en el canal se navega en sentido contrario a la ubicación de los océanos, las leyes de la economía rigen también del revés. Sacyr intenta en las Américas lo que le funcionó eficazmente en España.

18/12/13

Todos podemos hacer algo para mejorar España

Todos podemos hacer algo para mejorar España


Si de algo creo que nadie me puede acusar es de iluso o confiado en que las cosas cambien por la bondad o inteligencia de los seres humanos. Por desgracia, somos más perezosos y tontos de los que creemos ser. Nos quejamos de los bancos, pero muchos afectados por preferentes siguen tendiendo la cuenta en la entidad que les engañó. Nos quejamos de los partidos políticos dominantes, responsables de tener aún hoy una legislación hipotecaria decimonónica y claramente desequilibrada en favor de los intereses de las entidades financieras, pero siguen teniendo un sustrato electoral que les vota (me gustaría creer que no de familias desahuciadas, pero me temo que es mucho creer).

Hay varias formas de cambiar el mundo que nos ha tocado vivir. Una es muy personal e introspectiva; cambiamos la realidad alterando nuestra percepción. Puede parecer una disquisición de mal libro de autoayuda, pero no deja de tener respaldo científico y práctico: la vida mejora simplemente viendo lo que en ella ocurre de forma positiva. Podemos buscar la flor perfecta toda nuestra vida y morir sin haberla encontrado, muertos de pena, o bien interpretar sabiamente que todas las flores son perfectas. En este segundo caso, en definitiva, alteramos nuestra percepción para ver un mundo mejor.

Otra puede ser romper con el sistema, usando todos los medios legales e ilegales a nuestro alcance para ello. Las revoluciones han sido una forma de cambiar la realidad en muchos países y épocas. El peligro de este tipo de cambio es lo fácil que se manipula a las masas y el riesgo de poner en marcha mecanismos que generan violencia. La gran mayoría de ocasiones, la revolución cambia un mal gobierno por otro igual o peor. No olvidemos que somos más tontos de lo que creemos y los que dirigen estas revoluciones, o los que se aprovechan de esta dirección, levemente menos tontos o más crueles, acaban imponiendo su voluntad en detrimento de la de los sublevados.

Entre la introspección y la violencia, hay muchas otras vías de mejorar el mundo que nos rodea, evidentemente. La que personalmente más me gusta, por su efectividad y ausencia de daños colaterales (que considero inaceptables), es la de alterar el sistema desde dentro del sistema. Usar las reglas del juego para ganar al juego mismo. Evidentemente, esta opción es la más lenta y complicada, pero creo que es la más efectiva. En todo caso, depende de que los integrantes del propio sistema, votantes, contribuyentes, clientes de un banco, adquieran conciencia de que algo va mal y actúen, simplemente ejerciendo los derechos que el sistema les ha dado. Un votante puede votar, un contribuyente usar estrategias fiscales, un cliente de banco cambiar sus cuentas de entidad. Actuaciones que llevan algo de esfuerzo, pero tal vez no demasiado para la pereza que nos embriaga. Pese a que seamos algo tontos, el pueblo es soberano. Si decide que nada cambie, esta decisión es la acertada. Eso sí, después sus lamentos y quejidos no serán más que voces de una ópera bufa.


Entre las medidas que creo aplicables y, sin duda, cambiarían mucho la banca que nos ha tocado vivir, está la de ‘Velar por la independencia del poder político frente al poder financiero‘. Para ello deberíamos cambiar la normativa relacionada con la actuación inspectora del Banco de España y de la CNMV, quitando de las manos del poder político su capacidad de tutelar sus actuaciones. No hace falta cambiar en demasía la actual regulación financiera, si los reguladores-supervisores quieren y pueden hacer su trabajo. Los bancos temen al Banco de España, cuando actúa como tal y no como compañero de juergas.

Una medida compleja de aplicar y que puede generar efectos perversos es la de regular los salarios de los banqueros. Sin embargo, más que limitar las reglas del mercado, se ha de regular incentivos adecuados para que los salarios fluyan adecuadamente. Prohibir determinados bonus sin sentido, como los que se dan por conceder préstamos en lugar de por la poca morosidad de lo que se han concedido, arreglaría muchas cosas. Y es vital que se regulen las consecuencias de la falta de responsabilidad y diligencia, desde los empelados de banca hasta los directivos de los áticos del edificio central. No me importa que un profesional gane mucho dinero gestionando un banco, tarea muy compleja si se hace bien, pero a cambio, quiero que comprometa su patrimonio. Mucho poder requiere de mucha responsabilidad. Es un delicado ejercicio de cirugía económica establecer los límites, pero vale la pena la operación.

La banca no va a cambiar por propia voluntad o por la voluntad de los políticos de siempre, hipotecados hasta el cuello con los prestamistas que debería controlar. El cliente, el votante, el contribuyente, puede hacer que los bancos cambien.

13/12/13

Lo público y lo privado
El cierre de Canal9 ha reavivado la discusión sobre lo público y lo privado y lo he relacionado con un artículo que leí recientemente que abogaba porque la industria farmacéutica fuera pública ¿el motivo? Los intereses creados, que un laboratorio podría dar con la cura definitiva de una grave enfermedad y no comercializarlo para no perder las ventas actuales y futuras de las medicinas que durante años puede consumir un enfermo crónico. Visto desde esa perspectiva, parece que hay más motivo para nacionalizar la Bayer (y de paso las empresas de cremas antiarrugas, no sea que hayan encontrado el secreto de la eterna juventud y no lo hagan público para poder vender más) que una televisión. Pero no es tan fácil, estamos haciendo una suposición que implica que un empresario privado va a preferir el beneficio económico a la salud pública y parecemos olvidar que las empresas que fabrican tabaco en España –sustancia nociva según nos dice el gobierno- son en su mayoría semi-públicas, y eso es un hecho. Yo no entiendo esta demonización de lo privado/beatificación de lo público que hacen algunos como tampoco lo contrario que hacen otros. Todo depende de la ética y no de la titularidad accionarial: con un buen equipo directivo cualquier empresa podría triunfar siendo pública y con uno malo fracasar siendo privada, la gran diferencia es que a unos los elijen unos políticos a saber con qué criterios y a otros un consejo de administración que busca lógicamente el máximo beneficio. Si Canal9 hubiera sido más independiente, hubiera tenido más audiencia y hubiera costado menos, ¿qué problema hay que fuera pública siempre y cuando ofreciera algo cultural e informativo que no ofrecieran los demás canales? El problema es que en España ¿Cuántas televisiones cumplen esos requisitos?

Por eso para mi el problema no es que haya empresas públicas sino la baja calidad de los partidos políticos españoles que van a acabar controlándolas. Se financian ilegalmente, están llenos de corruptos a los que sus máximos dirigentes toleran, no recortan donde deben (por ejemplo el Senado o la duplicidad diputaciones/autonomías) porque priman su beneficio privado (cargos) al beneficio público, gastan donde no deben (de hecho ellos mismos están endeudadísimos por su mala capacidad gestora) etc. y de nuevo son hechos, no suposiciones. Es decir, el egoísmo, la codicia y en general la falta de ética que se le supone a un empresario privado también la tienen los gestores de lo público, ¿quién me dice que el político que prefiere reducir mamografías que eliminar un coche oficial va a salvaguardar mejor nuestra salud que un empresario que quiere ganar dinero a costa de la sanidad como hace nuestro dentista? ¡Si todavía en España fuéramos a castigar electoralmente a los partidos que demuestren poca ética! Entonces sí habría un incentivo para desear más propiedades públicas pero lo triste es que no es así. Por eso yo no tengo un criterio global a favor o en contra de lo público ya que depende del país, lo que sí sé es que en España, y dado el poco valor que dan los españoles a la honestidad de nuestros dirigentes a la hora de votar –otro hecho, tristísimo pero real-, cuanto más lejos estén los políticos de todo, mejor.

Y repito que no es una cuestión ideológica sino un caso de evidencia empírica basado en la experiencia siendo quizás el ejemplo más claro el de las cajas de ahorros, entidades con la mejor de las intenciones que acabaron siendo, en su mayoría, instrumentos al servicio de políticos y codiciosos, que han vendido productos a sus clientes más nocivos que los de la banca privada y que han acabado costándonos a todos miles de millones de €. No somos conscientes de lo que ha agravado la gestión de las cajas de ahorros la crisis, no sólo por el agujero actual que han generado en las cuentas públicas, es que sin ellas difícilmente habría crecido tanto la deuda local porque nadie hubiera financiado proyectos tan inviables como los que tantos municipios y comunidades autónomas han llevado a cabo Y eso no significa que la banca pública –si sus criterios de gestión son independientes- no pueda ser buena (o una televisión autonómica), significa que en España los políticos que tenemos eligen para sus maniobras partidistas a personajes peores –como se ha visto- que los banqueros privados, no ya sólo como gestores, aparentemente también en calidad ética.

15/11/13

Lecciones que cualquier trabajo te puede dar
Cody Teets es responsable en EEUU de 800 restaurantes de comida rápida, del cuál para no hacer publicidad gratuita de ahora en adelante la llamaremos McDouglas. Comenzó a poner hamburguesas a los 16 años y lleva otros 16 trabajando en la misma empresa. En esos años, además de servir calorías también le ha dado tiempo a escribir un libro, en el que pidió a 43 compañeros de trabajo que le mostrasen  las lecciones que habían aprendido al trabajar en la empresa.
De ahí surgieron cinco importantes lecciones, que son aplicables a cualquier trabajo y se leen con mayor valor si las trasladamos a cualquier trabajo, no sólo al de las hamburguesas.

No existe ninguna tarea que no sea digna de ti.
Todo trabajo honesto es noble, afirma. En un restaurante bien dirigido, cada persona tiene que asumir la responsabilidad derivada de su trabajo, echar una mano sin que se lo pidan cuando alguien necesita ayuda o hay que realizar una tarea, incluso si se trata de fregar los baños.
Hay varios tipos de líderes, los que de vez en cuando se remangan y los que no. La diferencia  no está en la dignidad del trabajo si no en la de la persona. Por ejemplo, la hija de Amancio Ortega (sé que no es un ejemplo cualquiera) comenzó trabajando como dependienta de un Bershka, lo cuál seguramente la haya generado una experiencia de un tamaño sólo comparable con el volumen de la música de sus  tiendas.
El fundador de McDouglas, fue famoso por pasar por un restaurante, conduciendo su Cadillac, con su traje de negocios y reloj de oro y pedir una mopa para poder limpiar mostaza derramada, algo a lo que no están acostumbrdos los dirigentes y políticos mediocres, el alejamiento de la realidad.
Vale que tengas dos carreras y un Master y te veas obligado a limpiar un WC, no parece justo, pero lo normal es empezar desde abajo e ir subiendo poco a poco, forma parte de la evolución laboral, nadie ha dicho que el camino sea fácil.

Desafíate a ti mismo a dominar nuevas habilidades.
Muchos trabajos son temporales que forman parte de un largo camino hasta que logras tu objetivo. No importa lo básica que sea la tarea, hay que estar orgulloso de lo que se hace e intentar aprovechar cualquier oportunidad. Por ejemplo, la Consejera Delegada de McDuglas en EE.UU., Jan Fields, que superó la timidez cuando tuvo que trabajar en la caja, descubriendo que tenía el don de hacer que la gente se sintiera cómoda.
Incluso el mismísimo fundador de Amazon, Jeff Bezos trabajó en esta cadena de comida rápida.
Era el chico de la parrilla y nunca trabajaba con la caja registradora”, recordaba Bezos. “Lo más difícil era hacer que todo fuera al ritmo adecuado. El encargado de mi McDonald’s era excelente. Había muchos adolescentes trabajando para él, y nos mantenía motivados incluso mientras nos divertíamos”.
Pero, ¿se puede aprender algo de un trabajo como éste? “Puedes aprender responsabilidad en cualquier trabajo, si te lo tomas en serio”, aseguró Bezos. “Aprendes mucho como adolescente trabajando en McDouglas. Es diferente de lo que aprendes en el colegio. No hay que menospreciar el valor de eso”.

Aguanta la presión.
En cualquier trabajo vas a tener momentos de presión, que son los que diferencian a la gente valida. La toma de decisiones efectivas en situaciones de estrés marca la diferencia y tan difícil es decidir en un McDouglas a la salida de un cine en hora punta como una reunión de crisis con el consejo de administracion. Los líderes de éxito suelen ser personas que pueden resolver problemas sin entrar en pánico y creando otros nuevos.

Aprende del éxito de los demás.
Muchas veces el odio o la manía que tenemos a nuestros jefes nos impide aprender de lo bueno que nos puede enseñar. Teets entrevistó a varios empleados que acabaron  abriendo franquicias de McDouglas propias. Todos lo hicieron siguiendo el ejemplo de sus superiores, jefes o propietarios de restaurantes.

Cómo tratar con la gente.
Muchos trabajos de bajo nivel te permiten tratar con la gente, conocer sus problemas y entender que es lo que está pasando en la calle, algo que se tiende a olvidar en los despachos. ¿Os acordáis cuándo Zapatero dijo que un café valía 80 céntimos?. Este mal está muy extendido, muchos políticos y directivos viven en otro mundo, viven en su propia burbuja que les hace perderse muchas oportunidades.
Seguramente para muchos de los lectores estas lecciones son cosa del pasado pero creo que a todos nos ha tocado realizar trabajos por debajo de nuestra formación y creo que al menos, debemos aprender de ellos. Mi primer trabajo fue realizando encuestas en la calle y aprendí  una lección muy importante, no te fíes de ellas.

¿Que lecciones has aprendido en tus “trabajos basura”?

31/10/13

El agotamiento del modelo sindical

Están nuestros sindicatos envueltos en su mayor escándalo desde el comienzo de la democracia. Las noticias sobre financiación ilegal, facturas falsas, connivencia con los políticos en el escándalo de los ERE falsos en Andalucía, etc. han llevado a estas instituciones a la peor crisis de credibilidad de su historia. Siendo muchos los que creen que su relación con la política, tanto a nivel institucional como a nivel económico ha contaminado la esencia misma del movimiento sindical en España.

Fue a mediados del siglo XIX cuando tuvo lugar el nacimiento del movimiento sindical en este país, aunque CCOO nació en 1976, una época marcada por profundas tensiones políticas y sociales y con importantes logros por parte de estas organizaciones. El punto álgido estuvo en los años de la Segunda República, donde sindicatos como el anarquista CNT, tuvieron un pronunciado, y desafortunado, protagonismo que acabó tras la Guerra Civil, con la instauración de un único sindicato afín al régimen.

Con la democracia volvieron con fuerza estas instituciones: el sindicato transversal fue sustituido por unos sindicatos ya no tan afines al gobierno, pero sí a los partidos políticos a cuya sombra siempre habían medrado. Es en estos tiempos demócratas en donde los dos sindicatos mayoritarios han logrado su mayor desarrollo con el enfrentamiento sistemático a todo lo que a reminiscencias del viejo régimen pudiera sonar. Siendo precisamente la antaño todopoderosa CNT, que nunca tuvo un partido político asociado, la que ya no ha logrado ni la sombra de la representatividad obrera que alcanzó.

Para ello han contado con fuentes de financiación que se han ido multiplicando conforme aumentaban las necesidades de los cada vez más aparatosos organigramas sindicales. Comenzaron financiándose con las asignaciones del estado y con las cuotas de los socios; a día de hoy reciben también del estado determinadas cantidades por asumir la formación de los trabajadores (el INEM, o sus sustitutos autonómicos, ya casi no imparten formación); además reciben ingresos por sus participaciones en entramados de sociedades que, en muchos casos, poco tienen que ver con su actividad sindical; y obtienen también ingresos por sus labores de asesoramiento a trabajadores, afiliados o no, como el porcentaje del 5 al 15% por la tramitación de los ERE. Y aun así, parece no bastar estas fuentes de financiación, debiendo buscarse otras menos ortodoxas y hasta menos legales, a la vista de los últimos acontecimientos.
¿Y en los países de nuestro entorno? En aquellos países donde los sindicatos se financian con asignaciones del estado, como Francia o Italia, se tiende a una mayor politización de los mismos y al oscurantismo respecto a su financiación, así como una mayor permisividad con las políticas económicas de sus respectivos gobiernos; en países cuya financiación corre a cargo exclusivamente de sus ingresos por cuotas sindicales, como Gran Bretaña o Alemania, se observa mayor transparencia y más independencia política.

Urge, por tanto, una renovación de los sindicatos. El pacto que permitió en su día la estabilidad suficiente para el establecimiento de la democracia debe ser revisado. Se les cedió entonces a los sindicatos poder político, financiación estable y concesiones de tipo patrimonial; a cambio, éstos aportaron paz social. Esto ha sido fundamental en la historia de la democracia: el hecho de que política económica, patronal y sindicatos hayan estado en consonancia salvo en casos puntuales ha tenido consecuencias positivas por la estabilidad creada, aunque ahora se empiezan a ver también las negativas, debidas sobre todo al agotamiento del modelo: los sindicatos deben ser independientes económica y políticamente de los partidos.

La pérdida de confianza en la que están inmersos, la falta de capacidad para reaccionar a las demandas de la sociedad, el acomodamiento de los cuadros sindicales en sus puestos, el descaro y la desvergüenza mostradas, no sólo en las tramas de financiación ilegal, sino en el mismo hecho de muchas de sus labores cotidianas (me gustaría que alguien me pudiera explicar cómo puede ayudar a la formación de un trabajador, en paro o no; un curso de risoterapia), nos han llevado a que muchos ciudadanos piensen de los sindicatos lo que piensan.